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juanca lina

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spain

Bio

Ella llegaba tarde a su cita con el apasionado Erekt, había leído el e- mail de su quedada hacía solo una media hora antes del momento acordado, y la excitación, los nervios, el entusiasmo y algo de miedo no le dejaban decidir que atuendo se pondría. Al final Wet eligió ese modelo con el que se sentía más segura; falda a media rodilla sobre unas medias de red negras que le daban sensualidad a sus perfectas piernas, una camisa de seda azul, abierta hasta el tercer botón, muy fina, que casi marcaba insinuante los botones de sus senos, tacones bien altos y la ropa interior, escasa.
Tres manzanas hacia el sur de la cuidad le llevaban hasta el hotel “Gran Vía”, decidió ir caminando. Mientras atravesaba las calles apresurada, recordaba alguno de sus momentos eróticos con Erekt, entre todos, aquella primera vez que Wet se masturbó con sus palabras por el chat de escritores. Ella sintió como su cuerpo se iba calentando por los productos de su mente, y cada vez más cerca se encontraba del encuentro.
En la puerta de restaurante del hotel, la pelirroja se humedeció los labios, se retocó el abrigo y entró sin más demora. En un solo golpe de mirada encontró a Erekt en la barra, vestido de negro, con zapatos blancos como prometió, y aire de serenidad mientras bebía de su copa de burbón solo con hielo. Wet respiró profundo y se acercó a él por la espalda; rozando sus caderas con el trasero masculino, y muy despacito, casi susurrando le dijo al oído: “¿Me esperabas?”.
 
Un cruce de miradas y dos besos sensuales justo en la comisura de los labios hicieron falta para saber que no había desilusión en sus mentes, que existía la complicidad entre ellos, que se excitaban tanto el uno con el otro que el camino hacía el sexo piel con piel no estaba lejos.
Una amena conversación sobre literatura les envolvió en una atmósfera de sensualidad. Erekt ojeaba indiscreto el escote prominente de Wet, ella le mantenía una mirada directa a sus verdes ojos, debajo de la mesa jugaban con sus piernas a rozarse de forma que pareciera fortuita. Al moreno le excitaba la forma de fumar que Wet lucía con erotismo, como se mordía el labio inferior le volvía loco y cuando pensaba en qué abría al final de esas magnificas piernas, su miembro crecía lentamente bajo sus pantalones chinos. A Wet le ponía caliente todo en él; sus enormes dedos que deseaba tener dentro de su vagina, el piercing que le daba un aire de poeta soñador, su barbita de tres días, la forma que tenía de guiñarle el ojo cuando hacía alguna broma y se reían, su voz bajita y grave, la perfección de su espalda; a la pelirroja le encantaría saber si Erekt estaba caliente, al menos tanto como ella lo estaba, entre su piernas sentía ese placer.
Después de casi dos horas de conversación y excitación, decidieron ir a dar un paseo para visitar los espacios verdes del hotel. Casi era de noche, ambos paseaban por los jardines absortos el uno con el otro. Llegaron a una zona repleta de árboles y la intimidad les acercaba físicamente cada vez más. Erekt sentía una atracción especial por Wet, ella no solo era un cuerpo sensual, había mucho más y pensaba que ese pensamiento era reciproco.
Haciendo caso a sus instintos, Erekt le acarició el pelo, los pasos se pararon en seco, los cuerpos se encontraron y sus labios se sellaron en un beso dulce y pasional a la vez. Wet puso sus brazos en la espalda de Erekt mientras sus lenguas jugaban y puedo notar como su pene estaba duro y erecto; detalle que le hizo humedecerse al instante. Sonrieron mirándose durante un tiempo, a la vez sus manos exploraban sus cuerpos. Erekt le mordía el cuello, Wet cada vez más caliente tocaba con fuerza su trasero, las respiraciones de ambos se aceleraron a compás.
La mano de Erekt intentaba subir sigilosamente su falda y a través de las medias y las minúsculas braguitas de Wet acariciaba su sexo. Ella se excitó tanto con ese gesto que lanzó un gemido al aire, disfrutó de la sensación unos segundos y luego retiró la mano del moreno; se miraron, La cara de Erekt reflejaba confusión pero Wet le apaciguó con una mirada coqueta hacia su bragueta. Sin más Wet desabrochó el primer botón, y bajó la cremallera lentamente mientras se ponía de cuclillas a la altura del miembro. La visión de Erekt era perfecta, el escote de la pelirroja dejaba ver que no tenía nada debajo, apreciaba la aureola de sus pechos. Wet espiaba bajo el slip azules de Erekt dejando al descubierto su enorme pene. Lo acarició con los dedos suavemente desde abajo hacia arriba, insistió en este recorrido haciéndole estallar de incertidumbre morbosa. Wet tiró de la piel para ver su glande, sacó la lengua y la acercó hasta él, lametones cortos en distintas partes de su pene. Erekt estaba a cien y ella se sentía ama de ese maravilloso aparato.
Casi de imprevisto para Erekt, Wet introdujo todo el pene dentro de su boca, muy profundo, manteniéndolo un rato. Erekt sentía su calor, el roce de su lengua, el placer infinito. Mientras Wet chupaba con ansia el pene de Erekt pensaba en las veces que había deseado esta situación y se sentía orgullosa, capaz de darlo todo, por ello movía la lengua por todo su glande en movimientos rápidos, lo rodeaba con sus labios, la apretaba con sus manos y la movía con ímpetu.
Erekt desfallecía cuando Wet le lamía justo en el frenillo, y le daba mucho morbo cuando ella le miraba con sonrisa picarona, con el pene en su boca. Erekt estaba apunto de llegar al orgasmo cuando Wet se puso en pie, puso en su mano su inflamado pene, masturbándolo con energía mientras le decía aquella frase que Erekt adoraba de ella: “sí Erekt, fóllame, hazme tuya”. El semen fluyó, el éxtasis del placer le hizo temblar las piernas, en su cabeza Wet. La cita terminó con un abrazo y un hasta mañana; quién sabe.

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